Aquella solitaria vaca cubana

Historia del ganado vacuno en Cuba

 

Aquella solitaria vaca cubana

 

ESTA HISTORIA PUEDE CONTENER TINTES ANTI REVOLUCIONARIOS, SI SOS FANÁTCX, ABSTENETE DE LEERLA.

 

Lxs cubanxs deben de ser las personas más sociables sobre la faz de la tierra. Y convengamos que a mí no me cuesta tampoco ponerme a charlar con cualquiera cuando viajo (para lxs que me conocen y están diciendo “de qué está hablando este tipo si es el más ortiva que conocí en mi vida?” quiero contarles que soy una persona totalmente diferente fuera de la ciudad de La Plata).

Bueno, cuestión, retomo la historia. Resulta que yendo desde Cienfuegos a Trinidad compartí un colectivo con una pareja de cubanxs y su hijito. El hombre es músico y bajista, por lo que no tardamos en ponernos a charlar sin parar. Entre uno de los mil temas en que fue derivando nuestra conversación llegamos al tópico de examen más usual de hace algunas décadas…

Saquen una hoja! Tema: LA VACA.

Resulta que antes de la revolución Cuba tenía millones de vacas para carne (sobre todo en la región de Holguín), pero muy poca producción de leche. Entonces, después del ‘59, Fidel, que era un tipo muy entusiasta y quería estar en todo, decidió hacerse cargo personalmente del problema y mando a traer 10 mil cabezas de ganado de la raza holandesa. Esas que todxs conocemos, blancas de manchas negras, directamente desde europa. Pero claro, Fidel no era especialista en vacas, y al poco tiempo de llegar, debido al clima tropical de la isla, todas las vacas murieron.

Esto no desanimó al líder de la revolución, y a pesar de los grandes gastos que implicaba la importación, mandó a traer más vacas. También se mandaron a construir grandes naves con aire acondicionado en las que metían las cabezas de las vacas para que estas no tuvieran calor. Por supuesto esta técnica no fue del todo eficaz y otra vez las vacas empezaron a morir. Pero fiel a la perseverancia revolucionaria, Fidel mandó a mezclar las vacas holandesas con las cubanas.

El resultado fue devastador. Las pocas vacas que sobreviven hoy en día en Cuba, descendientes de las dos razas, son flacas y no dan leche. Su carne se reserva para lxs niñxs, ancianxs, hospitales y regiones privilegiadas por el turismo (principal fuente de ingresos en Cuba y generador de las desigualdades económicas que aún subsisten en este territorio insular).

Fuera de La Habana, es casi imposible acceder a un plato de carne de vaca, especialmente si contás con un salario cubano, que promedia los 20 dólares mensuales. Y las penas por matar uno de estos animales pueden llegar a los 20 años de prisión, más que los que te pueden dar por matar a una persona.

 

2 comentarios sobre “Aquella solitaria vaca cubana

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