La hegemonía de lo visual

Pensamientos contra-hegemónicos desde lo sonoro

 

¿El mundo está ahí afuera realmente? ¿O es simplemente producto de esa maquinaria neuronal que evolucionó de forma tan compleja y aleatoria dentro de nuestras cabezas?

¿Es siquiera necesario saber que existe separado de nosotrxs mismxs? ¿O acaso basta con saber que le mundo ES?

Sea que el mundo exista ahí afuera o no, se cree -generalizadamente- que interactuamos con él a partir de los estímulos que nos llegan al cerebro a través de nuestros sentidos. O sea que nuestro acceso al mundo está dado a partir de mediadores que sirven como filtros de una supuesta realidad material.

Lo hermoso de todo esto es que cada ser humano tiene su propio filtro, resultado de las condiciones biológicas y sociales en las que se inserta su propia existencia. Por tanto, no podemos pretender una objetividad absoluta cuando nos relacionamos entre nosotrxs; la tolerancia y la hospitalidad frente a lo extraño, ante la otredad, son las condiciones necesarias para nuestra propia supervivencia como especie. Y esto se da acá, en medio oriente y en el Tibet -como se ha encargado de demostrar Juan Pablo Villarino en sus viajes a dedo por el mundo-; muy a pesar de lo que nos bombardean desde los medios masivos de comunicación.

En el mundo globalizado de hoy se da un interesante desequilibrio entre los 5 sentidos -que poseemos la mayoría de los seres humanos- que está intrínsecamente ligado a la cultura occidental hegemónica de la modernidad.

El mercado, como corazón del capitalismo contemporáneo, se configura a partir de lo visual. Existe una predominancia de la imagen en la construcción del mundo que se nos impone minuto a minuto a través de la televisión y el diseño publicitario. Todo gira en torno al sentido de la vista en detrimento de los otros cuatro sentidos. No es que el oído o el gusto no estén desarrollados (de hecho los mundos de los sonidos y la gastronomía son gigantes), pero, hoy en día, todo se mueve a partir de la imagen.

Probablemente tenga que ver con que lo visual es consumible en un instante. Con un simple vistazo uno puede entender que el cartel nos intenta vender un perfume, o que a dos kilómetros está la próxima estación de servicio. Y esa es una característica de la que no gozan los demás sentidos. Sobre todo el oído. Para escuchar necesitamos tiempo, el valor por exelencia del capitalismo. Tiempo es igual a horas de trabajo, o sea: plata.

-No hay tiempo- o -No hay que “perder” el tiempo- son frases que las sociedades modernas intentan imponernos con carácter de mandato. Y, si es que realmente existe eso que llamamos tiempo, no hay nada más lindo que perderlo. ¿Qué mejor que ser improductivos para este sistema que siempre nos exige que hagamos todo lo que tenga un fin utilitario y nada más?.

Por eso creo que ya es hora de perdernos en la vorágine de la fiesta, escuchando la música, bailando y sintiendo nuestros cuerpos pegandose y despegandose, oliendo todos los perfumes, gustando de todo. No dejemos de ver, pero abramos la nariz y las orejas. Afinemos nuestros dedos y lenguas que el mundo es inmenso y está ahí para nostrxs.

Habrá otrxs que lo hagan desde el olfato o el tacto. Yo me planto en lo sonoro -por lo menos por ahora-,  y desde este rincón del sentir humano es que comparto con ustedes lo que vaya descubriendo en el camino. Estas son las Notas de un Viaje.

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